Patan: La ciudad con ceremonia de oro

Situada en el distrito de Laliput, Patan es una bella ciudad repleta de templos enclavada en el Valle de Katmandú.

Patan Nepal

Primeras impresiones de Patan

Tras callejear por sus abruptas calles alcanzamos la Plaza Durbar. Todas las poblaciones de este precioso Valle tienen su propia Plaza Durbar. Pero antes de adentrarnos en la historia de esta ciudad ancestral decidimos admirarla desde los tejados de un restaurante vecino. Aun con el monzón lavando la cara de todos sus ladrillos, la imagen era preciosa y totalmente espiritual y transportadora en el tiempo.

La gente caminaba a un ritmo tranquilo, y nosotros disfrutamos un Napalí Thai. Un plato típicamente nepalí que se compone de un poco de todo; un poco de arroz, un poco de pollo, unas pocas lentejas, unas pocas verduras y con poco para ellos, mucho para mí, picante. Alimento diario en las cocinas nepalíes.

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Acceso al centro histórico

Con el agua ya más amainada pasamos a conocer la ciudad, previo nuevo pago de 10.000 NPR por persona.
Primera parada Three Main Chowk, el antiguo palacio real. En su patio interior embellecido con deidades, también se filmaron escenas del pequeño Buda.
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En la puerta del Palacio, un grupo de veteranos animados, nos deleitaron con melodías y antiguas canciones nepalíes de las que casi se han olvidado. De esas que marca la tradición que deben pasar de padres a hijos, para que perduren en el tiempo.
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Justo al lado del palacio, se encuentra el museo. Lleno de estatuas de los diferentes budas y cada una de sus posiciones corporales.
Frente a él se haya el Templo Krishna Mandir. Había gente en los pisos superiores, pero nosotros no teníamos acceso al mismo.
Los andamios al igual que otros edificios de la plaza, bordean toda la estructura desde el terremoto del 2015.
Se acercaba la hora mágica. Eran casi las 18:00 y no podíamos marchar de Patan sin ver el Hiryanya Varna Mahabihar o Golden Temple, por lo que aceleramos el paso y pudimos disfrutar del lugar con más encanto y misticismo de la ciudad antes de que cerrase sus puertas.

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Momento del ritual del pequeño Buda

El Templo hace honor a su nombre, ya que está hecho literalmente de oro. Es pequeño, pero francamente bello. Y justo en ese momento empezaba el ritual vespertino del pequeño Buda.
Durante un mes un niño, el pequeño Buda, cumple por la mañana y por la tarde con su ritual. Nadie en este tiempo, a excepción de su maestro, puede tocar al pequeño.
El niño se prepara minuciosamente para la ceremonia y al aviso de una campana que él mismo porta, sale del templo para dar una vuelta a la manzana.
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Mientras, en el interior del templo, una mujer con otro protocolo enciende velas alrededor del recinto interior.
El paseo no es largo y enseguida oímos su campana aproximándose de vuelta al templo.
Los familiares del niño amablemente me permitieron e invitaron a acercarme para hacer fotografías y disfrutar con ellos de ese momento tan especial y exclusivo para ellos.
Al regreso el niño tomó una jarra de agua para lavar sus pies y beber antes de continuar con la ceremonia.
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El pequeño Buda, no deja de ser un niño y asomándose tímidamente llamaba sutilmente a su progenitor.
Delante del niño y el altar de Buda, los cánticos y celebraciones de sus rituales y nuevas ofrendas por parte de los hombres se repitieron durante largo rato. Todo en un ambiente espiritual y absolutamente relajante.
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Agradecimos enormemente que nos invitaran a disfrutar de este rito y cuando estimamos oportuno abandonamos el templo para callejear un último rato por las calles de Patan, antes de regresar a Katmandú.

El momento más especial de la visita por Patan, sin duda el ritual del pequeño Buda. ¿Cuál ha sido el tuyo?

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